Sensatez y sentimiento, de Georgia Oakley

La nueva adaptación de Sensatez y sentimiento (Sense and Sensibility, 2026), dirigida por Georgia Oakley, propone una aproximación distinta a la novela de Jane Austen publicada originalmente en 1811. Si la premiada versión de Ang Lee de 1995, con Emma Thompson y Kate Winslet, encontraba buena parte de su encanto en la contención afectiva y el equilibrio entre la razón y la pasión, esta vez hay menos sensatez y bastantes más sentimientos. La película de Oakley se inclina por el desborde emocional: es más visceral, más sensual y está habitada por protagonistas cuya intensidad luce sorprendentemente contemporánea. Su guionista, Diana Reid, no traiciona el espíritu de Austen, pero le añade una osadía juvenil que renueva la aproximación a sus personajes y sus conflictos sociales en la Inglaterra del siglo XIX.

Sensatez y sentimiento (Sense and Sensibility, 2026)

No es un detalle menor que una de las protagonistas, Daisy Edgar-Jones, tenga 28 años, ocho menos de los que tenía Emma Thompson cuando interpretó a Elinor Dashwood. Vista hoy, la Elinor de Thompson parecía una mujer mucho más adulta, casi una solterona en comparación con el espíritu noble pero sin duda juvenil que Edgar-Jones le imprime a su personaje. Hay aquí una generación distinta de mujeres (y de espectadores de cine) y una manera diferente de aproximarse a sus aspiraciones. Aunque las convenciones de su época las obligan a buscar marido y a considerar la seguridad económica que representa el matrimonio, Elinor y Marianne (interpretada acá por Esmé Creed-Miles) privilegian los sentimientos y el romance. La satisfacción emocional parece importarles tanto como, o incluso más que, la conveniencia material.

Sensatez y sentimiento (Sense and Sensibility, 2026)

Oakley privilegia lo sensorial y lo sensual en su puesta en escena: el contacto permanente con la naturaleza, el adormilamiento de un viaje en carruaje, el asombro ante la magnificencia de Londres, la irrupción del deseo, y el descubrimiento y la vivencia de las emociones. Hay una sensibilidad particular –casi cómplice- en la mirada de la directora hacia los anhelos y las frustraciones de estas mujeres. La utilización de luz natural añade verosimilitud –sombras, claroscuros, contrastes– a las imágenes y hace que los espacios y ambientes se sientan reales, habitados por personajes auténticos, que están padeciendo situaciones en las que es posible sentirse reflejado.

Sensatez y sentimiento (Sense and Sensibility, 2026)

Esmé Creed-Miles, como Marianne, es una auténtica fuerza de la naturaleza. Su interpretación transmite una energía desbordante, una espontaneidad y una vulnerabilidad que hacen de su personaje el centro emocional de la película. Hay en ella una intensidad que luce contemporánea y que conecta esta historia de época con nuestra sensibilidad actual. Pero también Elinor encuentra aquí una forma de afirmación personal que resulta significativa: al final sale al encuentro de su felicidad, no se queda en casa esperando que esta llegue. Ambas hermanas, cada una a su manera, toman las riendas de sus deseos y se resisten a que las convenciones sociales decidan por ellas.

Sensatez y sentimiento (Sense and Sensibility, 2026)

Por todo eso, esta versión de Sensatez y sentimiento le está hablando —desde una historia ambientada dos siglos atrás— a un público que tampoco es ya el de 1995. Sus protagonistas tienen otra energía, otra manera de expresar sus deseos y, sobre todo, otra disposición a perseguir aquello que las hace felices. La contención afectiva de Ang Lee cede aquí su lugar a una libertad emocional que no desvirtúa a Austen, sino que demuestra hasta qué punto sus personajes siguen teniendo cosas que decirnos.

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