Don’t Look Back in Anger, de Dylan Southern y Will Lovelace

El sacerdote Luke Bradbury, párroco de la iglesia católica de San Bernardo, en Mánchester, se dirige a su escasa feligresía el viernes 11 de julio de 2025, el día después del cuarto y último concierto de Oasis en esa ciudad, diciéndoles: “volvía en bus a casa desde casa de mis padres en Moston. Miré y ahí estaban. Cientos de personas caminando decididas. Con gorros de pescador y vestidos con parkas. Parecía un poco una peregrinación. Daba esa sensación. Cuando ves a hombres, mujeres, adolescentes, agarrados del brazo, cantando mientras miran a alguien a los ojos, se trata de algo más profundo. De un deseo compartido de sanar (…). Esa será la lección del evangelio de hoy. «Pedro le pregunta a Jesús: Señor, ¿cuántas veces debo perdonar a mi hermano si peca contra mí? ¿Hasta siete veces? Y Jesús contesta: no te digo hasta siete, sino hasta setenta veces siete». Es decir, debes perdonar sin límites. La muchedumbre que acudió a Heaton Park no fue solo por la música, fue por la reconciliación entre Noel y Liam, dos hermanos separados hacía mucho que iban a compartir el mismo escenario”. Como se ve, esos conciertos de reencuentro de Oasis, tras su separación en 2009, y registrados en el documental Don’t Look Back in Anger (2026), fueron un acontecimiento que trascendió lo meramente musical para darle, por lo menos en el Manchester natal de los hermanos Gallagher, un sentido espiritual, vinculado al perdón.

Don’t Look Back in Anger (2026)

Quizá en los demás sitios donde Oasis hizo esta gira de retorno la sensación era otra: la de alborozado alivio. Sus seguidores pudieron contemplar de nuevo –o por primera vez- a una banda que vieron o escucharon en su juventud y que pensaban ya disuelta para siempre. La vida les daba otra oportunidad, que sencillamente no iban a desaprovechar, como también se la daba a los hijos de esos fans de los años noventa, que crecieron alimentados por la música que escuchaban sus padres y que ya también era suya. Por eso en estos conciertos en Europa, Asia y América se ve tanto público joven, unos espectadores que eran muy niños o que no habían nacido cuando Oasis era la banda de rock británico más exitosa del mundo, algo que causó sorpresa entre los propios hermanos Gallagher.

Don’t Look Back in Anger (2026)

Los verdaderos motivos de este reencuentro no los sabremos, pero para los fans esas circunstancias pasan a un segundo plano ante la posibilidad de asistir a la “resurrección” de sus ídolos. Que nadie dude que la nostalgia vende y si está alimentada por el morbo de lo amarga y cruenta que fue la separación de la banda, más aún. Incluso para los espectadores de Cardiff –donde la gira empezó- el interrogante grande era si de veras iban a presentarse, a estar otra vez juntos en el escenario. Lo que se dijeron Noel y Liam a lo largo de esos años parecía hacer imposible cualquier acercamiento. Pero ya era un hecho. Las seis semanas de ensayos que se iniciaron en mayo de 2025 no presagiaban nada diferente a una cortante indiferencia entre ambos: Noel, profesional y comprometido; Liam, impredecible, volátil y arrogante. Sin embargo, al salir a escena por primera vez el 4 de julio en Cardiff, Liam con su mano izquierda toma inesperadamente la mano derecho de Noel y eleva así los brazos de ambos en señal de victoria, saludo y reconciliación. Habían vuelto.

Don’t Look Back in Anger (2026)

Ese gesto de levantar las manos al unísono va a seguirse repitiendo, cada vez con mayor confianza y naturalidad a lo largo de la gira, demostrando como rápidamente fueron acoplándose de nuevo a tocar juntos y sin duda a perdonarse mutuamente. Eso se nota en los segmentos de los conciertos que nos muestran en Don’t Look Back in Anger y en las declaraciones que ambos hacen en una entrevista conjunta, cuyos segmentos están dispersos a lo largo del documental. Al escucharlos entendemos que volver parecía ser un deber del que no eran conscientes. La importancia que sus fanáticos le dan a este reencuentro les demostró a los dos hermanos que Oasis no les pertenecía a ellos sino a un público que en cuatro continentes se entregó de nuevo a su música, felices de revalidar su nostalgia frente a los creadores mismos de ese sentimiento. Y ellos como banda honraron esa sed.

Don’t Look Back in Anger (2026)

Muchos de sus fanáticos no habíamos nacido cuando The Beatles, The Rolling Stones y The Doors surgieron, o éramos unos niños en el apogeo de Kiss, Led Zeppelin o Queen, pero en cambio somos contemporáneos de Noel y Liam Gallagher, compartimos no solo su edad, sino sobre todos sus inquietudes (y desasosiegos) generacionales. Por eso Oasis representa tanto, por eso su retorno nos toca fibras profundas. Nos enfrenta a los recuerdos de mediados de los noventa y sonreímos al evocar a la banda que le puso la música adecuada (y necesaria) a ese momento de la vida. Hace mucho no veía el rostro de Noel Gallagher y al observarlo de nuevo me reconozco en él. Tenemos exactamente la misma edad y eso significa que el tiempo ha pasado también por nosotros. Quizá por eso este reencuentro me conmueve tanto: no es solo volver a escuchar unas canciones que fueron importantes, sino reencontrarme con una parte de mi propia vida que suponía ya archivada en la memoria. Noel vuelve con su hermano a cantar esas canciones y yo vuelvo a escucharlas, pero ellos y yo llevamos encima todo lo que ha ocurrido desde entonces. Y mientras Oasis toca de nuevo, entiendo que hay melodías que no envejecen porque siguen hablando de quienes fuimos, de quienes somos y de ese joven que, pese a los años, todavía nos habita.
©Todos los textos de www.tiempodecine.co son de la autoría de Juan Carlos González A.