Elegía de lo mínimo: Sueños de trenes, de Clint Bentley

“Se llamaba Robert Grainier y vivió más de 80 años en las inmediaciones de Bonners Ferry, Idaho. Durante su vida viajó al oeste, casi hasta el mismísimo Pacífico, aunque nunca llegó a ver el océano, y en cuanto al este, llegó hasta Libby, cruzando la frontera de Montana”, nos dice la voz de Will Patton, el narrador de Sueños de trenes (Train Dreams, 2025), para presentarnos al protagonista de este filme, una adaptación de la novela breve del mismo nombre escrita por Denis Johnson y publicada en 2002. Pero si esa es la fuente “oficial”, el director y coguionista Clint Bentley tiene en realidad al cine de Terrence Malick como inspiración absoluta de este largometraje. Es la cadencia del relato, es la voz en off, es la naturaleza como protagonista, es el asombro de lo humano frente a la belleza del mundo, es la sensación de que todos somos parte de un universo ya predestinado… todo eso es Sueño de trenes y todo eso a la vez es Malick como espíritu oficiante y como brújula a seguir.

Sueños de trenes (Train Dreams, 2025)

La película es ambiciosa en lo formal –la fotografía de Adolpho Veloso es exuberante en su belleza- quizá para exaltar la modestia de la vida del protagonista, Robert Grainier (Joel Edgerton), un hombre que se hizo de la nada, que en las décadas finales del siglo XIX llegó a Fry, Idaho, siendo niño y huérfano, sin saber nunca quienes fueron sus padres, ni que día ni que año nació. Dejó los estudios en la adolescencia para dedicarse a la tala de árboles, un aserrador que iba de lado a lado a donde hubiera trabajo, pero que en toda su vida se movió basicamente entre los 65 kilómetros que separan a Bonners Ferry en Idaho, de Libby en Montana. Tuvo una mujer, Gladys (Felicity Jones) y una hija, pero su vida fue la de un hombre solitario, estoico, sencillo, que jamás aspiro a nada diferente a tener un trabajo y un hogar, y que tuvo lo que quizo, pero que también perdió todo lo que tenía.

Sueños de trenes (Train Dreams, 2025)

Sueños de trenes está construida sobre la perdida. Es acerca de sobrevivir cuando las personas que conocimos, con las que trabajamos, con las que vivíamos, se van para siempre y quedamos con las manos temblorosas y vacías, y con el espíritu roto de tanta nostalgia y tanto dolor. El recuerdo de esos seres habita en Robert en unos casos como una premonición, en otras como recordatorio de una felicidad que le fue esquiva, sin que supiera como ni porque fue condenado a la soledad, a la noche, al frío, al desamparo del alma y la mente. A partir del dolor que casi lo parte en dos empezó de nuevo, de sus cenizas espirituales y afectivas construyó de nuevo su casa y sin un grito de reclamo fue capaz de reconstruirse lentamente, de levantarse de nuevo, sin perder nunca la fe de encontrarse otra vez con quienes se marcharon de su vida.

Sueños de trenes (Train Dreams, 2025)

La película –hecha con conmovedora poesía visual- es una elegia sobre las cosas mínimas que dan sentido a la vida y que permiten que nos sintamos parte de algo, que pertenecemos. Esa pertenencia no se expresa en grandes gestas ni en gestos heroicos, sino en acciones casi invisibles: en la forma en que Robert mira el bosque, en cómo escucha el viento o acepta con naturalidad el paso del tiempo. Sueños de trenes observa esa vida con un respeto y una  paciencia poco habitual en el cine contemporáneo, dejando que los días, los años y las estaciones se acumulen como capas de experiencia y sobre todo de resiliencia. El director Bentley va delineando una idea profunda: que la vida, incluso en su forma más austera y aparentemente insignificante, contiene una dignidad imperecedera. Robert Grainier no fue un hombre excepcional, pero su persistencia, su manera de estar en el mundo y de aceptar la pérdida sin renunciar a la memoria de quienes amó, lo convierten en un testigo humilde de una existencia que se extingue lentamente, como los bosques que ayudó a talar, como los trenes que cruzan el paisaje sin saber nunca que manos construyeron la vía férrea que les permite avanzar sin detenerse.

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