El primer trabajo de ficción del documentalista canadiense Daniel Roher –ganador del premio Óscar por Navalny (2022)- es El afinador (Tuner, 2025) y como era de esperarse de un director acostumbrado a contar historias derivadas de la realidad, este relato parte de una condición médica real, la hiperacusia, para a partir de ella construir una narración que funciona como película de acción, pero también como drama: el de un virtuoso del piano que tuvo que dejar su naciente carrera por su hipersensibilidad auditiva y que ahora se dedica a afinar pianos gracias a esa misma percepción aural exacerbada. Un premio de consolación que le permite estar cerca de esos instrumentos musicales y lo saca del aislamiento social en el que su hiperacusia lo mantiene.

El británico Leo Woodall da vida a Niki White, un joven y taciturno afinador de pianos en Nueva York, aprendiz de un maestro veterano de este oficio, Harry Horowitz (Dustin Hoffman), ya en el ocaso. Es precisamente la fragilidad de salud de Harry –y las deudas que esto conlleva- lo que lleva a Niki al crimen, aprovechando su aguda capacidad auditiva. Su involucramiento con una banda foránea de ladrones disfrazada de empresa de seguridad coincide con el inicio de su relación romántica con una pianista y profesora de composición, Ruthie (Havana Rose Liu). Su sensibilidad musical conquistó a esta mujer, su sensibilidad aural le permitió hacer una carrera criminal. Cuando ambos universos se intersecten, el drama que la película nos expone demuestra la fragilidad e indefensión de Niki frente a sus cómplices, ellos sí unos auténticos criminales. En el tercio final de El afinador, el protagonista pretende redimir su conducta y recomponer su sendero, pero en ese momento el director –y coguionista- Roher echa mano de su trayectoria como documentalista para recordarle a Niki, y a nosotros, que finales perfectos no hay.

Tal como en El sonido del metal (Sound of Metal, 2019), el diseño sonoro perceptual de El afinador es en gran medida el verdadero protagonista de la película. Pero si Ruben, el baterista de El sonido del metal, se está quedando progresivamente sordo y así nos lo hacen sentir, Niki en cambio sufre con frecuencia el impacto estremecedor de cualquier ruido inesperado que escape a su control y que lo aturde por completo. Esa circunstancia –que lo mantiene aislado y a la defensiva- es a su vez su talón de Aquiles frente a sus compinches, y la película nos transmite esa incomodidad auditiva, ese insoportable dolor ótico que lo deja inerme. El diseño y el montaje sonoro los hizo Johnny Burn, ganador del Oscar por el sonido de La zona de interés (2024). Pero si El afinador es sobre una hiperacusia y sus consecuencias, es también sobre el arte y la búsqueda de la elusiva perfección de un instrumento musical. El director Roher se esmera en presentarnos lo que implica poner un piano a punto, la sensibilidad musical que hay que tener para afinarlo no solo al oído de quien lo repara, sino a las preferencias de su usuario.

Un documentalista explora las posibilidades de la ficción y lo hace debutando con una película entretenida pero nada banal, bendecida con un actor tan versátil como Dustin Hoffman y una promesa en ascenso como Leo Woodall, y con un guion que mezcla orgánicamente drama con suspenso, añadiendo respeto por la música y por un oficio del que poco sabemos pero cuyos resultados disfrutamos con cada instrumento afinado. La ópera prima de Daniel Roher como director de ficción es fácil de ver, pero mejor todavía es escucharla.
©Todos los textos de www.tiempodecine.co son de la autoría de Juan Carlos González A.









Deja una Respuesta