La invitación, de Olivia Wilde

El director, guionista y dramaturgo catalán Cesc Gay estrenó en Barcelona en 2015 su obra de teatro Els veïns de dalt y a partir de ella él mismo rodó posteriormente el largometraje Sentimental (2020), protagonizado por Javier Cámara, Griselda Siciliani, Belén Cuesta y Alberto San Juan, y que fue nominado al premio Goya a mejor película. A partir de Sentimental, los guionistas Will McCormack y Rashida Jones (que ya han trabajado juntos previamente) hicieron el argumento de La invitación (The Invite, 2026), el tercer largometraje de Olivia Wilde como directora. Se trata de un remake, sin duda, aunque poco ortodoxo: conserva los mismos personajes y el mismo punto de partida, pero replantea la estructura dramática y conduce el clímax hacia un desenlace completamente distinto, probablemente más sugerente y fértil. Lo que en Sentimental desembocaba en una improvisada (y hasta convencional) terapia de pareja, en La invitación se transforma en una punitiva comedia sexual, con todas las implicaciones que ello conlleva.

La invitación (The Invite, 2026)

Solo cuatro personajes, un único espacio. La película no traiciona el origen teatral del filme original, pero los sucesos que se nos revelan —y la intensidad con que lo hacen—nos hacen olvidar que La invitación transcurre por completo en el apartamento de Ángela y Joe, una pareja con una hija adolescente, que servirán de anfitriones en una velada a la que han invitado a sus vecinos de arriba, Piña y Hawk. Ángela (interpretada por la propia Olivia Wilde) siente curiosidad e innegable envidia por esta pareja de ruidosa actividad sexual, algo que, por el contrario, mantiene mortificado y ofendido a Joe (el comediante Seth Rogen). Esta cena es un pretexto de Ángela para conocerlos mejor, pero Joe quiere aprovechar la oportunidad para reclamarles por su conducta nocturna, algo que su esposa considera descortés. Los anfitriones están discutiendo al respecto –reflejo de una crisis nada latente como esposos– cuando, de repente, suena el timbre, anunciando la llegada de sus invitados. Esto es todo lo que voy a contar del argumento.

La invitación (The Invite, 2026)

Dos parejas que apenas han tenido algún tipo de contacto mínimo en el ascensor están de repente juntas y para una reunión social aparentemente casual, pero el guion se apoya en la animadversión de Joe para ir generando tensión e incomodidad en el ambiente, fácilmente detectadas y controladas por la actitud fresca y muy segura de Piña (Penélope Cruz) –una psicoterapeuta y sexóloga– y Hawk (Edward Norton), un jefe de bomberos retirado, que van derrumbando con sus conversaciones y confesiones (todas cargadas de una honestidad brutal) la muralla que Joe había creado contra ellos. En el transcurso hay toda una batalla verbal, muy graciosa y venenosa, que nos permite ir conociendo el talante y –por qué no– las intenciones de cada uno. Incluso dentro de la interacción misma de la velada ocurre un espontáneo y momentáneo intercambio de parejas, muy diciente de cosas anheladas y quizá por venir.

La invitación (The Invite, 2026)

El sexo ofrecido como válvula de escape a las necesidades y carencias de una pareja en crisis se antoja una solución tan insólita como bienvenida, pero el guion se va a encargar de recordarnos que hay muchas heridas y mucho dolor irresoluto que un encuentro íntimo, por atrayente que parezca, no va a sanar ni a solucionar. El papel de Piña y Hawk en La invitación es el de facilitadores de la verbalización –de la catarsis oral– de esa brecha que existe entre la pareja anfitriona y que ninguno de los dos se ha atrevido a reconocer. Acumulan rencores y soledades, viven entre recriminaciones y culpabilidades, y para validar que siguen siendo deseados o que aún desean, cometen actos voyeristas sucedáneos de un placer que no quieren dejar de sentir.

La invitación (The Invite, 2026)

Todo esto de lo que hablo se antoja de alto calado dramático, pero está manejado desde el humor negro, la sátira punzante y el gag verbal más agudo. Esta es una comedia verdaderamente graciosa que hace humor a partir de temas que per se no lo son, como la soledad, la sed de afecto, la necesidad de sentirse deseado, el fracaso personal, la incomunicación. Se necesitaba un balance muy afortunado entre humor y drama para que la película cumpliera su tarea expositiva y Olivia Wilde lo consiguió. La invitación nos hace reír, pero esas carcajadas están en realidad desnudando muchos síntomas de carencias afectivas crónicas, esas que carcomen por dentro cualquier relación.

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